Esta guía es para entrenadores y cuerpos técnicos de equipos de competición, de la cantera de élite al primer equipo.
Todas las temporadas pasa lo mismo. El equipo empieza educado y algo tímido. Unas semanas después aparecen las discusiones, los grupitos y las quejas por las posiciones. Muchos entrenadores lo interpretan como una señal de que algo va mal. Normalmente es señal de que todo va exactamente como debe.
En 1965, el psicólogo Bruce Tuckman describió cuatro fases por las que pasan los grupos hasta convertirse en equipos eficaces: formación, conflicto, normalización y rendimiento (en inglés, forming, storming, norming, performing). En 1977, junto a Mary Ann Jensen, añadió una quinta: la disolución, cuando el grupo se separa. El modelo nació de la investigación sobre grupos pequeños, no del fútbol, pero cualquiera que haya entrenado una temporada lo reconoce al instante.
Saber en qué fase está tu equipo cambia lo que debes hacer como entrenador.
Fase 1: formación
Cuándo: las primeras semanas de la temporada, o cuando llegan varios jugadores nuevos.
Qué vas a ver:
- Jugadores educados, prudentes y algo callados.
- Los que ya se conocían van juntos; los nuevos se quedan en los márgenes.
- Todos miran al míster esperando instrucciones.
- Casi nadie señala los errores de los demás: todavía nadie quiere molestar.
Qué debe hacer el entrenador:
- Dar una estructura clara. Mismo calentamiento, normas claras, sesiones previsibles. La incertidumbre alarga esta fase.
- Aprender y usar los nombres. Haz que se llamen por su nombre en los ejercicios (“di el nombre antes de pasar”).
- Mezclar los grupos a propósito. No dejes que los amigos vayan siempre juntos.
- Escribir juntos las normas del equipo. Pregunta “¿Qué hace un buen compañero?” y convierte las respuestas en 3–5 normas.
Fase 2: conflicto
Cuándo: normalmente a las pocas semanas. También puede volver más adelante (lo vemos más abajo).
Qué vas a ver:
- Discusiones en el campo, resoplidos, reproches.
- Quejas por las posiciones, los minutos o quién tira las faltas.
- Grupitos, y jugadores que ponen a prueba las normas del entrenador.
- Los resultados pueden empeorar antes de mejorar.
Es la fase que más temen los entrenadores y la que peor suelen gestionar. El conflicto no es un fracaso: es el grupo resolviendo su jerarquía, sus roles y su confianza. Los equipos que nunca pasan por aquí rara vez se unen de verdad: se quedan en desconocidos educados.
Qué debe hacer el entrenador:
- No alarmarse ni esquivarlo. Aborda los conflictos de forma directa y rápida, antes de que crezcan.
- Aplicar las normas a todos. Es el momento en que los jugadores comprueban si las normas van en serio. Si tu mejor jugador se libra, las normas se acabaron.
- Hablar de roles. Buena parte del conflicto va de “¿cuál es mi sitio?”. Explica el rol de cada jugador, también el de los suplentes.
- Usar juegos que exijan cooperar. Juegos reducidos donde el gol solo vale si todos han tocado el balón, o donde la asistencia vale doble.
- Ponerle nombre a la fase con la plantilla. “Esto es normal. Todos los equipos pasan por aquí. La cuestión es cómo lo superamos.” Nombrarlo le quita dramatismo.
Fase 3: normalización
Cuándo: cuando el equipo ha resuelto sus conflictos, a menudo hacia la mitad de la primera vuelta.
Qué vas a ver:
- Los jugadores se corrigen entre ellos apelando a las normas del equipo.
- Los roles se aceptan, incluso quien quería otro.
- Más ánimos, menos quejas.
- El equipo empieza a tener sus propias costumbres y bromas.
Qué debe hacer el entrenador:
- Ceder responsabilidad poco a poco. Los jugadores dirigen el calentamiento, eligen un ejercicio, cierran la charla tras el partido.
- Rotar la capitanía. El liderazgo se reparte cuando más jugadores tienen una tarea real.
- Reforzar lo que funciona. Elogia conductas de equipo concretas: “Me encantó cómo os levantasteis entre vosotros después del gol que encajamos”.
- Proteger las normas. Esta fase es frágil: un solo incidente ignorado puede devolver al grupo al conflicto.
Fase 4: rendimiento
Cuándo: normalmente en la segunda vuelta, si las fases anteriores fueron bien. Algunos equipos no llegan nunca.
Qué vas a ver:
- El equipo resuelve problemas por sí mismo, incluso durante los partidos.
- Los jugadores se exigen entre ellos sin que intervenga el entrenador.
- La comunicación en el campo es constante y útil.
- El equipo sigue ordenado aunque tú te quedes callado en la banda.
Qué debe hacer el entrenador:
- Dar un paso atrás. Afina los detalles y deja que los jugadores lideren el grupo.
- Subir el nivel de exigencia. Nuevas ideas tácticas, rivales más duros, más responsabilidad.
- Vigilar los márgenes. Incluso un equipo en pleno rendimiento puede dejar atrás a algunos jugadores: pregunta a los suplentes y a los más callados.
Fase 5: disolución
Al final de la temporada el grupo se separa: jugadores que se van, suben al primer equipo, se retiran o cambian de club. Merece la pena cerrar la etapa a propósito:
- Una última sesión o reunión en la que cada jugador escuche una cosa que aportó al equipo.
- Preguntar al equipo qué le dirían a los jugadores del año que viene.
Parece poca cosa, pero es lo que los jugadores recuerdan, y marca cómo llegan a su siguiente equipo.
Los equipos no avanzan en línea recta
Las fases no son una escalera de un solo sentido. Un equipo puede volver al conflicto en cualquier momento. Los desencadenantes habituales:
- Llegan jugadores nuevos a mitad de temporada.
- Una mala racha, sobre todo después de una buena.
- Un cambio de entrenador o de capitán.
- Los minutos y las convocatorias, cuando la competición se pone seria.
Cuando pase, no lo vivas como un desastre. Vuelve a lo que funcionó en las primeras fases: estructura clara, conversaciones directas y las mismas normas para todos.
Cómo saber en qué fase está tu equipo
Hazte estas preguntas después de una semana de entrenamientos:
- ¿Los jugadores me miran a mí para casi todo? → probablemente formación.
- ¿Hay conflictos frecuentes o quejas por los roles? → probablemente conflicto.
- ¿Se corrigen entre ellos con nuestras normas de equipo? → probablemente normalización.
- ¿El equipo resuelve problemas sin mí? → probablemente rendimiento.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dura cada fase? No hay plazos fijos. Depende de cuántos jugadores nuevos haya, de cuánto entrenéis y de cómo se gestionen los conflictos. Un equipo que esquiva sus conflictos puede pasarse toda la temporada atascado en la fase de conflicto.
¿Sirve en equipos profesionales? Sí, y a menudo con más intensidad: la rotación de plantilla, los mercados de fichajes y la presión por los resultados hacen que un equipo profesional pueda volver a la fase de conflicto varias veces en una temporada. Cuanto antes lo detectes, menos cuesta.
¿Me puedo saltar la fase de conflicto? En realidad no, y no deberías intentarlo. Puedes hacerla más corta y menos dolorosa con normas claras desde el principio y abordando los conflictos de frente, pero un equipo que nunca discrepa normalmente tampoco ha construido una confianza real.